Logo Fundació Antoni Tàpies

Colección

La colección de la Fundació Antoni Tàpies está constituida en su mayor parte por donaciones de Antoni y Teresa Tàpies. Hay algunas excepciones, como la obra Ocre-gris sobre marró (Ocre-gris sobre marrón, 1962), donada por David K. Anderson. Además, Antoni y Teresa Tàpies incrementan todos los años la colección con una nueva obra correspondiente al año en curso.

Entre pinturas, esculturas, dibujos, libros y grabados, la colección contiene muestras de todos los aspectos de la actividad artística de Tàpies, así como de las distintas tipologías, técnicas y materiales utilizados por el artista. La colección incluye una selección de los dibujos y retratos de los años cuarenta, un conjunto importante de las obras matéricas de los años cincuenta y sesenta, una representación significativa de las obras objetuales de finales de los sesenta y principios de los setenta, así como obras realizadas con goma-espuma o con aerosol, barnices y esculturas de tierra chamoteada de los años ochenta, y también objetos y esculturas que Tàpies ha ido creando desde los años noventa, experimentando con nuevos materiales como las planchas metálicas, a veces utilizadas como soporte pictórico, o el bronce.

Las primeras obras de Tàpies muestran un fuerte carácter primitivista vinculado a dadá y al arte infantil o al de los enfermos mentales, y por tanto, cercano al art brut. Por otra parte, estas obras -que en algunos casos anuncian ya su trabajo posterior con la materia- también revelan un cierto carácter simbolista, sobre todo en la importancia que atribuyen a la alegoría, el mito y la metáfora. Algunas obras de este periodo son Zoom (1946), una de las piezas más antiguas de la colección, Cap i bandera (Cabeza y bandera, 1946) y Creu de paper de diari (Cruz de papel de periódico, 1946-1947).

Durante los años cuarenta, y como reacción al arte conservador propiciado por el régimen franquista, entre múltiples jóvenes artistas surge un interés hacia el surrealismo, que había sido el último movimiento de vanguardia vigente en el Estado español antes de la Guerra Civil. El periodo surrealista de Tàpies se inicia en 1948, con la fundación de la revista Dau al Set, junto a otros artistas y escritores. En las obras de este periodo encontramos referencias a Miró, Ernst y Klee. En el caso de la obra Parafaragamus (1949) se observan aspectos típicamente mironianos junto a elementos propios del arte de Klee.

Entre 1949 y 1950 Tàpies empieza a adquirir una conciencia social cada vez más acentuada. Esta nueva actitud se enmarca en una polémica generalizada entre los defensores de un arte comprometido y los partidarios de un arte de vanguardia, que encuentra su punto culminante durante la estancia de Tàpies en París entre 1950 y 1951. De esta época data la serie de dibujos Història Natural (Historia Natural, 1950-1951), que muestra la evolución de la naturaleza, su metamorfosis y transformación hasta llegar a la civilización actual y la lucha de clases. Las obras de este periodo combinan una representación realista con un carácter todavía surrealista. Este sería el caso, por ejemplo, de La barberia dels maleïts i dels elegits (La barbería de los malditos y los elegidos, 1950) o Collage de paper moneda (Collage del papel moneda, 1951).

De 1952 a 1954, el arte de Tàpies adquiere un cariz marcadamente abstracto, como reacción al periodo anterior, abiertamente reivindicativo y social. Durante estos dos años, su obra se centra en aspectos plásticos, tales como la forma y el color, haciéndose eco de las ideas neoplasticistas que ganan terreno en los medios artísticos europeos. No obstante, estas experiencias duran muy poco en la trayectoria de Tàpies, pues su interés va más allá de la mera expresión formal, y muy pronto el artista empieza a trabajar con nuevos materiales, como el polvo de mármol, la arena y las tierras de colores, entre otros. Esta línea de trabajo da lugar a un nuevo tipo de obras que se conocen genéricamente con el nombre de pintura matérica.

En las pinturas matéricas, los materiales dejan de ser simples medios sometidos a la expresión de una idea para convertirse en la idea en sí misma. De este modo, se produce una identificación completa entre materia y forma, entre concepto y lenguaje. Estas obras devienen superficies opacas, muros en los que el artista inscribe sus grafitos y adhiere formas de objetos o personas. La identificación del artista con la obra mediante su apellido expresa un deseo más profundo de romper el dualismo occidental y fundirse en la materia en un informe continuo.
Durante los años de la posguerra surge un interés por la materia entre los artistas de ambos lados del Atlántico. La conciencia de la significación de la bomba atómica y los nuevos descubrimientos científicos generan una fuerte curiosidad hacia la ciencia, las nuevas ideas sobre el espacio-tiempo y la materia, a la vez que inventos como el microscopio electrónico ofrecen una nueva visión de la naturaleza.
Paralelamente, Tàpies ha ido desarrollando un interés creciente por la filosofía oriental, por su énfasis en lo material, por la identidad entre hombre y naturaleza y por su negación del dualismo de nuestra sociedad.

Muchas de las obras de Tàpies de los años cincuenta y sesenta muestran un mundo aún en formación, una naturaleza de huellas petrificadas, de fósiles, como sumergida en un abandono milenario. Tàpies cree que la noción de la materia debe entenderse también desde la perspectiva del misticismo medieval -a través de los escritos de Arnau de Vilanova, Enric de Villena y Ramon Llull- como magia, mímesis y alquimia. En este sentido podemos considerar al artista como un “alquimista del espíritu”, alguien capaz de transformar nuestro interior más allá de nosotros mismos.
Este concepto alquímico se encuentra a lo largo de toda su obra. También durante estos años, Tàpies irá elaborando una serie de imágenes, generalmente extraídas de su entorno inmediato, que aparecerán en las distintas etapas de su evolución. Muchas veces, una misma imagen, además de aparecer representada de diversas maneras, adquirirá una serie de significados distintos que se irán superponiendo.
Así pues, Antoni Tàpies nos ofrece una visión “materialista” del mundo. Su mensaje se centra en la revalorización de aquello que en general se considera bajo, repulsivo, material (no es casual que Tàpies escoja a menudo temas tradicionalmente desdeñados como desagradables y fetichistas, como un ano defecando, un zapato abandonado, una axila, un pie, etc.). La materia es el elemento sustancial de la vida. Una consecuencia de este rechazo de lo ideal en favor de lo material es la noción de lo “informe”, que según Georges Bataille tenía como objetivo anular todas las categorías formales: lo “informe” anula la distinción entre naturaleza y cultura.
El proceso técnico mediante el cual Tàpies crea las pinturas matéricas traduce esta noción de lo “informe”. En primer lugar, cubre el soporte con una capa de barniz, y antes de que se seque, le aplica polvo de mármol, arena y otros materiales o pigmentos. A continuación añade pintura sobre diversas zonas, creando una figura, un objeto o simplemente una mancha. Cuando las últimas capas empiezan a secarse, el material se agrieta y muestra sus componentes estructurales. A veces, el artista acentúa esta impresión raspando la pintura en algunos puntos. La colección de la Fundació Antoni Tàpies tiene una amplia representación de obras que datan de este periodo: El crit. Groc i violeta (El Grito. Amarillo y violeta, 1953), Terra i pintura (Tierra y pintura, 1956), Pintura rosa i blava (Pintura rosa y azul, 1959), Forma negra sobre quadrat gris (Forma negra sobre cuadrado gris, 1960) y Relleu amb cordes (Relieve con cuerdas, 1963), entre otras.

A finales de los años sesenta y principios de los setenta, Tàpies intensifica su compromiso político y su trabajo con objetos. Sin duda, este interés renovado por el objeto coincide con los esfuerzos del arte povera en Europa y el posminimalismo en Estados Unidos, si bien Tàpies no muestra los objetos tal y como son, sino que les imprime su sello y los incorpora a su lenguaje. Al contrario de lo que sucede en muchas obras del arte povera o posminimalista, en general, los objetos de Tàpies no constituyen intervenciones sobre un espacio específico, sino que son absorbidos por el marco pictórico al que se incorporan, como observamos en Palla i fusta (Paja y madera, 1969) o en Pantalons sobre bastidor (Pantalones sobre bastidor, 1971).
Si bien, a finales de la década de los sesenta y principios de los setenta, su obra presenta una sensibilidad especial hacia lo objetual, Tàpies no deja nunca de pintar ni de trabajar en obra gráfica. Lógicamente, tanto la pintura como la obra gráfica adquieren durante estos años un marcado carácter social y político A la memòria de Salvador Puig Antich (A la memoria de Salvador Puig Antich, 1974) y Assassins (Asesinos, 1974).

A principios de los años ochenta, con la restauración del estado de derecho en España y el fin de la lucha política, el interés de Tàpies por la tela como soporte adquiere una fuerza renovada. Este nuevo periodo de la evolución artística de Tàpies coincide con un retorno a la pintura propiciado en amplios sectores artísticos de Europa y Estados Unidos.
Este retorno a la pintura comporta en Tàpies el uso de dos procedimientos no del todo nuevos, pero que ahora adquieren un protagonismo muy especial. El primero consiste en rociar con aerosol objetos ocultos bajo una tela. El segundo consiste en manchar el lienzo o el soporte de madera con barniz que adopta diversas formas al ser manipulado por el artista, pero que nunca llega a perder su carácter informe. Este sería el caso de obras como Efecte d’arrugues i taronja (Efecto de arrugas y naranja, 1979) y Sinuós de vernís sobre negre (Sinuoso de barniz sobre negro, 1983).

Asimismo, a finales de los años ochenta, el interés de Tàpies por la cultura oriental parece haberse incrementado. Igualmente, Tàpies también se ha visto atraído por la nueva generación de científicos, de David Bohm a Rupert Sheldrake. Estos pensadores han contribuido a dar una nueva visión del universo que entiende la materia como un todo sometido a un constante cambio y formación.

Las obras de los últimos años constituyen sobre todo una reflexión sobre el dolor -tanto físico como espiritual- entendido como parte integrante de la vida. Influido por el pensamiento budista, Tàpies considera que un mayor conocimiento del dolor permite mitigar sus efectos y por tanto, mejorar la calidad de vida. El paso del tiempo, que siempre ha sido una constante en la obra de Tàpies, adquiere ahora nuevos matices, vivido como una experiencia personal que facilita un mayor autoconocimiento y una comprensión más clara del mundo circundante. En este sentido, también es interesante constatar la huella que dejan en su obra determinados acontecimientos de la actualidad, como la guerra en la antigua Yugoslavia o los asesinatos y las deportaciones de Ruanda. Así, en obras de este periodo son frecuentes las imágenes de mortajas, cuerpos muertos y féretros. Algunas de las obras de la colección de estos últimos años son Parla, parla (Habla, habla, 1992), Cos i filferros (Cuerpo y alambres, 1996) y Dues piles de terra (Dos montones de tierra, 2001).

Paralelamente a su producción pictórica y objetual, Tàpies ha ido desarrollando desde 1947 una intensa actividad en el campo de la obra gráfica. En este sentido hay que destacar el gran número de libros de bibliófilo realizados por el artista, en estrecha colaboración con poetas y escritores como Alberti, Bonnefoy, Du Bouchet, Brodsky, Brossa, Daive, Dupin, Foix, Frémon, Gimferrer, Guillén, Jabès, Mitscherlich, Paz, Takiguchi, Ullán, Valente y Zambrano, entre otros. El fondo de la colección de la Fundació contiene ejemplares de casi todas las ediciones existentes.

La obra de Antoni Tàpies constituye un corpus estético y discursivo coherente que prácticamente se ha mantenido intacto desde 1954. En este sentido, no se puede hablar de una evolución formal propiamente dicha, sino de la consolidación de unas bases que dan lugar a una producción unitaria y constante.

© Lluís Bover

Lista de reproducción

Reproducir audio (11 artículos).