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4/10/2002 - 8/12/2002

Ir y venir de Valcárcel Medina

La obra de Isidoro Valcárcel Medina, generada en el momento del declive del informalismo, se cuestionó desde un principio el estatus de la obra de arte así como su valor estetizante. En las obras del periodo 1968-1969, tras un breve periodo dedicado a la pintura, se hace patente la utilización del espacio como elemento condicionador de las variables de una obra.

De hecho, en estas piezas ya se adivina lo que será una constante de su trabajo posterior: por un lado, la concepción de la obra como estructura en la que se manifiestan dimensiones de la realidad -consideración del lugar y del momento concretos-; y por otro, la preocupación por su función social -entendida en un sentido amplio, no en el sentido excluyente de "denuncia" o "compromiso"-, es decir, la preocupación por la consecución de lo que él llama un "arte habitable" o un "arte para ser vivido".

A partir de los años setenta, Valcárcel Medina abandona progresivamente el lenguaje plástico para adentrarse en toda una serie de prácticas que van desde la poesía experimental, la música y el mail art hasta el cine, la performance, las instalaciones y la cinta magnetofónica, que irá desarrollando durante los años siguientes. Su obra nunca se había limitado al esteticismo formal, pero en este momento, coherente con su trayectoria, pretende desmantelar las contradicciones inherentes a la simbología de los espacios comisariales y la institucionalización del hecho artístico.

Durante los años ochenta y noventa, Isidoro Valcárcel Medina ha seguido trabajando en su proyecto artístico sin desmentir sus posiciones de los años setenta. Su obra ha ido evolucionando desde propuestas objetuales susceptibles de llegar a ser mercancías artísticas hasta una desmaterialización que favorece la aparición de una actitud que transforma la conciencia de la percepción no tanto en obra de arte sino en experiencia de arte. Esta actitud es la que le permite interrelacionar la vida con el arte, y el arte con una reflexión crítica y provocadora de la realidad.

Esta exposición permite la catalogación y puesta a punto de una producción artística en gran medida desconocida por el público y silenciada por la crítica a través de una publicación exhaustiva sobre su obra y un ciclo de conferencias. Con motivo de esta muestra, se editará el libro de artista Rendición de la hora.

Ir y venir de Valcárcel Medina pretende dar a conocer la obra de este artista (Murcia, 1937), uno de los artistas conceptuales españoles de mayor importancia, no tan sólo históricamente, sino también como referente artístico de una nueva generación de jóvenes creadores. El proyecto de la Fundació Antoni Tàpies se articula en torno a tres ficheros convencionales de grandes dimensiones que recogen diferentes tipos de documentos, a través de los cuales se desarrollarán varios "argumentos".

Ir y venir

Durante algún tiempo anduve intentando convencer a Valcárcel de que hiciéramos juntos una exposición antológica sobre su trabajo. Desde un principio manifestó su desacuerdo con la idea de reunir en una sola muestra obras ya realizadas. Cosas viejas, fueron sus palabras exactas. Para él, como ocurre de una manera tácita con todo el arte heredero de la vanguardia, sus obras no son tanto depositarias de un sentido como portadoras de una función, meros documentos de algo que ellas no son. El problema, en esta ocasión, radicaba en el hecho de que habiendo dedicado todo su empeño en hacer un arte del sentido común, no alcanzaba a comprender, sin contradecirse, el valor de repetir lo que ya había cumplido su función. Así las cosas, le propuse realizar una obra nueva que nos permitiera hacer una publicación en la que, aquí sí, se hiciera una memoria documentada de toda su trayectoria. Ahora el único requisito sería que asumiera como tema la idea de un arte de la gente y la idea de viaje, dos conceptos de siempre centrales en su obra. [...] La obra en cuestión, Ir y venir, cumple de manera precisa, aunque inesperada, con aquello que se le demandaba. De una parte, la propia muestra, concebida como una exposición en tránsito, se traslada de lugar y pasa por tres estaciones: Barcelona, Murcia y Granada. Lo hace, además, sin repetirse, constituyendo cada una de sus paradas un momento distinto, pero a su vez final, de un mismo trayecto. De otra, la instalación, constituida por tres ficheros en hilera de 5,5 metros suspendidos del techo, exige del usuario un traslado corporal para su manejo. Como ocurre en todos los sistemas de archivo tradicionales, aquí también el desplazamiento espacial apela a un movimiento de otro orden, el que nos transporta por el tiempo y dibuja las trazas de nuestra memoria. Un desplazarse, pues, que es a su vez un viajar a través de esos almacenes del olvido que son nuestros sistemas de registro. [...] Memoria común dispuesta para un uso privado y memoria privada, la del artista sobre su obra, ofrecida para el uso común. [...] Este Ir y venir sería un ejemplo más de ese fugarse en el tiempo, de ese dejarse llevar para no moverse que caracteriza su obra, sólo que en este caso ha sido su propio trasiego el que ha pasado a convertirse en tema.[...]

Extractos del texto de José Díaz Cuyás, "Ir y venir", Ir y venir de Valcárcel Medina (Barcelona: Fundació Antoni Tàpies; Murcia: Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, Dirección de Proyectos e Iniciativas Culturales; Granada: Centro José Guerrero de la Diputación de Granada): 8-9.